Las joyas ocultas del sur de Galicia y el norte de Portugal

Lejos del turismo de sol y playa más ofrecido en los itinerarios habituales, existe una zona que huye de los estereotipos establecidos, convirtiéndose en referente en cuanto a paisajes, símbolos populares, pueblos con encanto y paradas para los amantes de la buena cocina. Hablamos de un territorio enmarcado en los límites de lo que se considera el sur de Galicia, ya en las Rías Baixas, y el norte de Portugal:

Vilagarcía de Arousa

Preparar un itinerario en coche de fin de semana o de 3-4 días por esta zona (o incluso más), invita a descubrir los múltiples tesoros que conforman de la Autopista del Atlántico, algunos más conocidos que otros; pero todos, sin duda, recomendables.

Esta primera parada presume de ser un singular destino turístico internacional, ofreciéndonos un paisaje de palacios, campiñas y extensos viñedos.

En este sitio, nos encontramos muy cerca de Vilagarcia, en la salida de la autopista en el KM 110, donde una antigua fortaleza del S. XII fue transformada hasta obtener su aspecto actual. Rodeada por cientos de especies de todo tipo de árboles, este sitio ya ha sido declarado Jardín de Excelencia Internacional. La visita al lugar, con una duración aproximada de dos horas y media, acaba con una degustación de productos de la tierra y vino autóctonos.

Si continuamos por la costa llegaremos hasta la Ría de Arousa, una de las más grandes de Galicia, y nos muestra como telón de fondo la península del Grove, comunicada con la tierra por un pequeño istmo. Aquí nos encontramos no sólo en un pintoresco escenario de las Rías Baixas, sino, además, con interesantes restos del legado romano, playas de fina arena blanca y pequeños puertos pesqueros; en suma, un municipio donde el turismo y la pesca van de la mano desde 1963.

O Grove se ha convertido en el corazón gastronómico de esta zona, donde se lleva a cabo la fiesta del marisco, celebrada todos los años en octubre (un atractivo que no puedes perderte si coincide con tu escapada). Aquí podrás degustar de toda clase de pescados, pulpo y albariño, entre otras delicias del mar.

Antes de tomar una vez más la Autopista del Atlántico se puede visitar Combarro, incluso en el mismo día. Se trata de en una de las más bellas y familiares estampas de Galicia, puerto pesquero, zona histórica que ha resistido al tiempo, mostrándonos un paisaje único, con hileras de casas rústicas enmarcadas frente al mar.

Continuando: hace no mucho tiempo atrás, los archipiélagos de las Islas Cies, así como la de Ons, eran consideradas como verdaderas joyas ocultas al mundo. Hoy en día, las Islas Cíes y la playa de Ruedas destacan como uno de los paraísos salvajes de la España más impresionantes.

Ya sea viajando desde Cangas o de Vigo, saliendo antes o después del Puente de Rande que da continuidad a la autovía, puedes coger el ferry para conocer este escenario de ensueño. Rutas de senderismo, playas con dunas, acantilados casi verticales y bosques interiores merecen que reserves un día completo en tu viaje.

Regresando a tierra continental, en la margen derecha del estuario del río Lima, se encuentra una de las ciudades más bellas del norte de Portugal, que conserva una rica herencia patrimonial de palacios, iglesias, conventos, fuentes y mucho más.

Tomamos la E1/A3/A11 hasta la Braga, en dirección a Bom Jesus do Monte, un santuario nacido en una capilla en la colina de 1373, reconstruida en los siglos XV y XVI y que hoy se convirtió en uno de los símbolos de Portugal, por ser un importante lugar de peregrinación.

Jardines, iglesias y hospedajes en hermosos jardines, son algunos de los atractivos de los que podrás disfrutar en la región. Una escalera de granito, de gran significado para los peregrinos, nos lleva a la cima donde se encuentra el templo de Dios. Una visita imprescindible, seas o no religioso.

Continuando con nuestro itinerario nos dirigimos a Guimarães, un pueblo con una de las zonas medievales más hermosas de la península Ibérica y que podemos dividir en tres partes diferenciadas: la Colina Sagrada, la Ciudad Medieval y el Monte de la Peña. De todas ellas destacamos como imprescindible la primera, ya que cuenta con el Castillo, la Iglesia de San Miguel del Castillo y el Palacio de los Duques de Bragança.

Aunque que el Palacio es una auténtica maravilla, el verdadero tesoro de la población reside en su Castillo, que conserva aún la torre de 28 metros del siglo X y 7 torres cuadradas incrustadas en la roca.

El punto final de este itinerario en coche por una de las zonas más hermosas de la Península acaba en una ciudad con un gran Aeropuerto Internacional. Vila Nova de Gaia se encuentra en la otra orilla del Duero, comunicada por el Puente de Luis I, aunque podría ser considerada una extensión de la bella ciudad de Oporto.

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