Cantabria, historia y gastronomía

La gran puerta del Perdón del monasterio franciscano de Santo Toribio de Liébana se abre muy pocas veces, es necesario que Santo Toribio, el 16 de abril, caiga en domingo. Comienza entonces un año santo, doce meses en los que el ferviente creyente, según la tradición, ve borrados todos sus pegados de repente.

En la capilla contigua, podemos admirar lo que las autoridades eclesiásticas consideran el más largo fragmento conocido de la “verdadera cruz” de Cristo. Santo Toribio llegó desde Jerusalén a España en el siglo VIII. Su misión era la de esconder el precioso trozo de cedro de los invasores musulmanes.

Esta “España verde” resulta ser asombrosa. Las estrechas carreteras se asemejan al río Deva, que se estrecha en el lugar de su nacimiento al que podremos llegar a través de un teleférico. El Mirador del Cable es un paraíso para los escaladores, la vista de los Picos de Europa es espléndida. El mar Cantábrico se encuentra a sólo cuarenta kilómetros de distancia.

Derramados a lo largo del valle, los pueblos medievales disfrutan de microclimas que permiten todo tipo de agricultura y ganadería. La pequeña ciudad de Compadres, joya del Liébana, guarda algunos recuerdos de las rivalidades de familias antes enemigas. Conserva rústicos albergues, donde se secan actualmente se secan jamones.

Potes en Cantabria

Potes en Cantabria

Es imposible no parar a tomar algunas de las especialidades gastronómicas de la zona, entre las que destaca el cocido lebaniego, los quesos de cabra, oveja o vaca de cada aldea circundante.

Más cerca de Santander, Santillana del Mar es un lugar medieval de parada obligatoria en el que todavía se ruedan películas ambientadas en la edad media. Por menos de doscientos euros, puedes conseguir un alojamiento romántico en un conocido hotel de la ciudad. Desde San Vicente de la Barquera, los armadores y comerciantes partían a hacer las Americas.

A su regreso, construían suntuosos palacios con el dinero obtenido, viviendas que todavía reciben el nombre de “casas de los indios”. Al otro lado de Santillana del Mar, tenemos cerca las cuevas de Altamira, desgraciadamente ahora no se visita la auténtica y tendremos que conformarnos con una réplica muy conseguida.

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